El capitán Vicente Moreno Baptista vuelve a la actualidad nacional gracias a la pluma literaria de José María Casas


Fascinado con el personaje de Vicente Moreno, capitán que fue del Regimiento de Infantería de Málaga, y guerrillero en 1810, con triste final en Granada donde fue conducido al patíbulo por los franceses; el madrileño José María Casas Santero ha sabido reconstruir para una divulgación a nivel nacional la vida del héroe antequerano, a través de su novela histórica “El capitán Moreno”, editada por “SND Editores”. Emocionante ha sido, sin duda, el encuentro que con él han mantenido varias personas en Málaga, distinguidas por lo que cada uno ha hecho por la memoria del personaje de Moreno, junto a lo que fue en 1810, la Cárcel de Málaga (esquina entre la Plaza de la Constitución y calle Granada), lugar donde, de forma dramática, fueron ejecutados seis de sus compañeros, capturados con él en Navazo Hondo; nos referimos a Marion Reder, catedrática de Historia; Pedro Pérez Frías, doctor en Historia y gran investigador de Moreno; y Esteban Alcántara, que visualizó y expuso a través del libro “Málaga frente a la Guerra de la Independencia”, la vida de Moreno, en las dos ediciones de 1996 y 2008. A los cuatro se les ve juntos en la foto de texto. El libro recoge un agradecimiento a la Asociación Torrijos 1831 y una foto en la que nuestro colectivo recrea la muerte de Moreno, bien interpretado por nuestro compañero Sergio Doménech, profesor de Historia. Más datos para los lectores que habitualmente nos siguen, a continuación. 


Actividades de la Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831 en torno a Vicente Moreno.

Por ser la recreación histórica “Regimiento de Infantería de Málaga” la insignia del colectivo en cuanto a las actividades de la Guerra de la Independencia, y por darse la circunstancias que el capitán Vicente Moreno es uno de los personajes más carismáticos en el historial de esa unidad, de la que recibió su historial el Regimiento de Infantería Melilla nº 52, último de guarnición en Málaga; nuestro colectivo ya ha hecho un buen número de homenajes a Moreno, desde 2007 hasta el actual 2018, tanto en Antequera, su lugar de nacimiento, Málaga, Granada, Riogordo, Almonacid, Ocaña, Arquillos y Cádiz, todas ellas localidades vinculadas con la vida de Vicente Moreno; no siendo casualidad que a la Asociación Torrijos 1831 le hayan entregado su bandera estos Ayuntamientos, por la labor histórico-cultural realizada. Por lo emocionante que es rendirle homenaje ante la estatua que el héroe tiene en Antequera, adjuntamos unas fotografías
de esos intensos momentos.





El Regimiento de Infantería de Málaga, de la Asociación Torrijos 1831, desfila con los Patronos de la capital, San Ciriaco y Santa Paula.


Asociación Torrijos 1831.- Un año más, los Patronos de Málaga San Ciriaco y Santa Paula, han recorrido en procesión las calles y plazas de la capital, en la tarde del domingo 17 de junio. Como en los últimos cinco años, les ha acompañado el Regimiento de Infantería de Málaga, que es una reconstrucción histórica de la Asociación Torrijos 1831, puesta en marcha en 2006 para hacer frente a numerosas recreaciones históricas en Málaga y su provincia, y otras de Andalucía, relativas a la época de la Guerra de la Independencia. Los integrantes del colectivo marcharon con las banderas de Regimiento y Batallón, tambor, sección de fusileros y camareras, siendo muy bien acogida su participación por los malagueños, visitantes y turistas, que jalonaban las calles y plazas de nuestra capital. El Regimiento de Infantería de Málaga se refundó en el año 1790, corriendo su levantamiento a cargo del marqués del Vado del Maestre. Fue la unidad titular de Málaga durante muchos años, y el heredero directo de su historial, el Regimiento de Infantería Melilla nº 52, se mantuvo de guarnición en Málaga, en el Campamento Benítez, hasta diciembre de 1985, fecha en la que fue relevado por La Legión. Más datos para los lectores interesados por este tipo de noticias, a continuación.

Vinculación histórica.

En la refundación de la unidad, el marqués del Vado de Maestre la puso bajo la advocación de los Patronos de Málaga. Esta circunstancia, más otras dos (igualmente de carácter histórico), como que los Patronos figuran en las banderas tradicionales del Regimiento Málaga, o que el día 5 de febrero de 1810, mientras el Regimiento se batía con bravura contra los franceses por las calles de la capital (Perchel y Trinidad, especialmente), los napoleónicos en su saqueo, se llevaron sus dos imágenes de plata de los Patronos, que databan de 1604; definen la relación histórica de los Patronos con este antiguo Cuerpo malagueño. Este año, uno de los momentos más emocionantes del desfile, fue cuando, en la Plaza de la Constitución, el Regimiento despidió a los patronos presentando armas.

La tradición religiosa de Ciriaco y Paula.

El cristianismo había empezado a extenderse en Málaga cuando era provincia del imperio romano. En ella existía una floreciente comunidad cristiana desde 289, que dirigía el obispo San Patricio, primero que tuvo Málaga. El cristianismo se encontraba en una zona que abarcaba de este a oeste, desde Motril a Cádiz, y desde el sur de Tánger hasta Córdoba, e Ilíberis. Precisamente aquí, tuvo lugar el conocido Concilio de Elvira, en una fecha incierta
entre 300 y 324.

Ciriaco y Paula eran amigos de la infancia y pertenecían a la comunidad malacitana. Ella trabajaba como panadera en lo que hoy se conoce como la calle Santos. En el año 303, el emperador Diocleciano comenzó la décima persecución que hubo contra los cristianos y que duró ocho años. Fue la más dura y sangrienta de todas las que llevó a cabo el imperio. A ella hicieron frente con valor los cristianos de Málaga, saliendo del casco urbano de la ciudad y llevando a cabo sus reuniones en el monte Coronado, que les sirvió como refugio.
A través de confidentes, el poder romano supo del lugar de las reuniones, prendiendo allí a Ciriaco y Paula, que fueron puestos ante el cruel juez Silvano. A pesar de las torturas a las que fueron sometidos, Silvano no logró que renunciaran de su fe. Ciriaco y Paula fueron condenados a morir lapidados. Desnudos, fueron atados a dos palmeras, que se encontraban en un espacio situado entre lo que, más tarde, fue el arroyo de loa Ángeles y el cauce del río Guadalmedina, mirando ambos hacia el monte Coronado, para que contemplando su muerte a distancia, su muerte sirviera de ejemplo a los que allí se refugiaban.
Temiendo que sus inermes cuerpos se convirtieran en reliquias veneradas, se dispuso una gran hoguera para quemar sus cadáveres, pero una lluvia torrencial evitó ese propósito, lo que posibilitó que un amigo rescatara sus cuerpos logrando sepultarlos en las inmediaciones del mencionado arroyo. Nunca se puso dar con sus restos. Sin embargo, nuestro estimado amigo, el arqueólogo malagueño Manolo Muñoz Gambero, descubrió en 1969 durante la construcción de pisos sobre el solar de la huerta de Rodino, una necrópolis romana. En ella llamaron la atención dos tumbas de un chico y una chica, que presentaban signos de una muerte violenta,
entre otras coincidencias.
Los primeros datos por escrito acerca de los Mártires, se remontan al año 858, cuando Usuardo, monje benedictino francés, incluyó la historia en su “Martirologio”. La memoria sobre Ciriaco y Paula se mantuvo entre la comunidad cristiana de la Málaga ya dominada por los musulmanes,
pese al temor constante por las represalias.
Cuando los Reyes Católicos realizaron en el año 1487 la ofensiva sobre Málaga, fray Juan Carmona les pidió que prometieran, que si la ciudad caía en su poder, levantaran una iglesia bajo la advocación de Ciriaco y Paula. Tras ser tomada Málaga, los monarcas enviaron una carta al Papa Inocencio VIII en relación con lo ocurrido, mandándoles el Pontífice que levantara ese templo que hoy es la iglesia de Los Mártires.























La bandera del Regimiento de Infantería de Málaga, y sus integrantes, reciben la Medalla de los Patronos de Málaga, en la Iglesia de los Mártires.

La tradición religiosa de Ciriaco y Paula.

El cristianismo había empezado a extenderse en Málaga cuando era provincia del imperio romano. En ella existía una floreciente comunidad cristiana desde 289, que dirigía el obispo San Patricio, primero que tuvo Málaga. El cristianismo se encontraba en una zona que abarcaba de este a oeste, desde Motril  a Cádiz, y desde el sur de Tánger hasta Córdoba, e Ilíberis. Precisamente aquí, tuvo lugar el conocido Concilio de
Elvira, en una fecha incierta entre 300 y 324.

Ciriaco y Paula eran amigos de la infancia y pertenecían a la comunidad malacitana. Ella trabajaba como panadera en lo que hoy se conoce como la calle Santos. En el año 303, el emperador Diocleciano comenzó la décima persecución que hubo contra los cristianos y que duró ocho años. Fue la más dura y sangrienta de todas las que llevó a cabo el imperio. A ella hicieron frente con valor los cristianos de Málaga, saliendo del casco urbano de la ciudad y llevando a cabo sus reuniones en el monte Coronado, que
les sirvió como refugio.

A través de confidentes, el poder romano supo del lugar de las reuniones, prendiendo allí a Ciriaco y Paula, que fueron puestos ante el cruel juez Silvano. A pesar de las torturas a las que fueron sometidos, Silvano no logró que renunciaran de su fe. Ciriaco y Paula fueron condenados a morir lapidados. Desnudos, fueron atados a dos palmeras, que se encontraban en un espacio situado entre lo que, más tarde, fue el arroyo de loa Ángeles y el cauce del río Guadalmedina, mirando ambos hacia el monte Coronado, para que contemplando su muerte a distancia, su muerte sirviera de ejemplo a los que
allí se refugiaban.

Temiendo que sus inermes cuerpos se convirtieran en reliquias veneradas, se dispuso una gran hoguera para quemar sus cadáveres, pero una lluvia torrencial evitó ese propósito, lo que posibilitó que un amigo rescatara sus cuerpos logrando sepultarlos en las inmediaciones del mencionado arroyo. Nunca se puso dar con sus restos. Sin embargo, nuestro estimado amigo, el arqueólogo malagueño Manolo Muñoz Gambero, descubrió en 1969 durante la construcción de pisos sobre el solar de la huerta de Rodino, una necrópolis romana. En ella llamaron la atención dos tumbas de un chico y una chica, que presentaban signos de una muerte violenta, entre otras coincidencias.
Los primeros datos por escrito acerca de los Mártires, se remontan al año 858, cuando Usuardo, monje benedictino francés, incluyó la historia en su “Martirologio”. La memoria sobre Ciriaco y Paula se mantuvo entre la comunidad cristiana de la Málaga ya dominada por los musulmanes, pese al temor constante por las represalias.
Cuando los Reyes Católicos realizaron en el año 1487 la ofensiva sobre Málaga, fray Juan Carmona les pidió que prometieran, que si la ciudad caía en su poder, levantaran una iglesia bajo la advocación de Ciriaco y Paula. Tras ser tomada Málaga, los monarcas enviaron una carta al Papa Inocencio VIII en relación con lo ocurrido, mandándoles el Pontífice que levantara ese templo que hoy es la iglesia de Los Mártires.