Recuerdo a Riego en la llamada “Casa del Comandante” de Arquillos, por parte de las autoridades de Arquillo y la reconstrucción del Regimiento de Infantería de Málaga, de la Asociación Torrijos 1831.

  

Asociación Torrijos 1831.      15/09/23

Inmediatamente del apresamiento de Riego y sus compañeros en el cortijo de Baquerizones, por parte del alcalde de Arquillos, apareció el comandante realista de armas de la misma localidad, José Antonio Araque, decidiendo éste el traslado de los prisioneros a aquel pueblo, haciéndolo los cuatro montados en sus propios caballos y rodeados por los que los habían capturados, todos ellos con las armas cargadas y prestas a utilizarlas ante cualquier eventualidad de fuga. Una vez en Arquillos, los liberales pasaron a una habitación en el interior de la llamada “Casa del Comandante”, que todavía existe con escasos cambios en su fachada. Fue justo allí, en 2016, donde la reconstrucción del Regimiento de Infantería de Málaga, de la Asociación Torrijos 1831, colocó una corona de laurel en la puerta, con la presencia y colaboración del alcalde de Arquillos. Un sencillo acto, en memoria de la defensa del sistema constitucional que Riego defendió en su vida.  

Un traslado convertido en un infierno.

Lo que históricamente vino después del ingreso de Riego y sus compañeros en la casa del comandante de Arquillos, fueron unos días horribles para los detenidos. A la mañana siguiente fueron trasladados a La Carolina. Una milla antes de llegar a esa localidad, salió una muchedumbre para, en medio de fuertes insultos y gestos soeces, maltratar a los prisioneros. Su cabecilla gritó varias veces “¡Viva el rey absoluto!”. Éste, que, al parecer, conocía a Riego, le amenazó con un sable si no gritaba lo mismo, le atravesaría con el arma. Riego le respondió secamente.”No lo puedo hacer, soy miembro de las Cortes”. Intervino el comandante francés que allí se encontraba para recibir a los prisioneros con una fuerte escolta de caballería, diciéndole a aquel energúmeno “¿Qué derecho tiene usted de insultar al general?, está desarmado, no obstante yo tengo una espada, y si no se comporta usted mejor verificaré su bravura!”. El rufián se calló. Sin embargo, el griterío continuó por parte de la muchedumbre con “¡Matarlos, asesinarles, son judíos, jacobinos, herejes…!”. Riego y sus compañeros no fueron ejecutados en esos momentos por el amparo que les dieron los militares franceses. Los liberales fueron ingresados en los calabozos de la Carolina. El intendente dijo que fueran encerrados en calabozos individuales. Ensañándose con Riego, lo introdujeron en uno que, previamente, había sido utilizado como letrina por algunos ladrones encarcelados. Según Matthewes, ayudante de campo de Riego, “…, era el agujero más nauseabundo en el que jamás persona humana haya entrado, y sus emanaciones más que suficientes para producir cualquier enfermedad”. En la Carolina los prisioneros fueron desnudados en varias ocasiones y sufrieron degradaciones continuas. Les vendieron los caballos y la muda interior que llevaban en reserva, así como los escasos objetos personales que todavía portaban. En dos coches tirados por caballos, fueron llevados a Bailén. Allí volvió a recibirles una turba encabezada por curas, frailes y monjas, insultándoles de nuevo. Tras la pernocta, la conducción para salir de Bailén, cambió para los prisioneros. Los metieron en unas pésimas carretas cuyos hierros de los ejes, con el traqueteo, producían un ruido ensordecedor que no les permitió poder dormir lo más mínimo. Con un linchamiento moral llevado hasta el extremo, muy mal alimentados, con escasa agua para saciar la sed, y los cuerpos encadenados y entumecidos, aquellos hombres fueron insultados, convertidos en blancos de escupitajos y recibidos con patadas, mientras pasaron por pueblos como Guarromán, Santa Elena, Almuradiel, Santa Cruz de Mudela, Valdepeñas (aquí especialmente duro el maltrato), Manzanares, Villarta, Puerto Lápice, Madridejos, Tembleque, La Guardia, Ocaña y Aranjuez. Los prisioneros, con cuerpos y mentes atormentadas, estaban cubiertos de polvo, sucios hasta el extremo, demacrados y con barbas, y exhaustos en medio de un calvario, casi indescriptible, de muchos días. En Valdemoro se hizo la penúltima parada, saliendo para Madrid a las tres de la mañana. Era el 2 de octubre de 1823. Los prisioneros esperaban que llegando a la capital muy de madrugada, la turba que, habitualmente, solía darles la “bienvenida”, no saldría. Pero allí apareció de nuevo, otra vez encabezada por curas, frailes y monjas, con gritos ensordecedores y exaltados contra la Constitución y los liberales, a los que daban todo tipo de insultos. De nuevo la presencia de un fuerte contingente francés evitó un linchamiento con resultado de muerte. A las nueve de la mañana, Riego y sus tres compañeros fueron ingresados en los calabozos del Real Seminario de Nobles. Acababa un infierno para comenzar otro, más ladino e insufrible, en manos de las autoridades absolutistas, que de nuevo regían los destinos de nuestro país, pues sin Constitución quedaron derogados derechos, tanto en lo relativo a la prisión como en algo tan necesario como un proceso judicial.



 

 

Arquillos recuerda el Bicentenario del apresamiento del general Rafael del Riego. En este artículo se recoge, también, la visita de la Asociación Torrijos 1831 al antiguo cortijos de Baquerizones, lugar donde fue hecho prisionero Riego.

 

 

Asociación Torrijos 1831. 14/09/23

El Ayuntamiento de Arquillos (Jaén), ha puesto sus medios institucionales para llevar a cabo los actos del Bicentenario del apresamiento del general Rafael del Riego (1823-2023), con varias conferencias y recreaciones. Agradecemos la amable y considerada invitación que para estos actos ha hecho el Ayuntamiento de Arquillos a la Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831. En 2016, nuestra asociación estuvo en Arquillos con su reconstrucción histórica Regimiento de Infantería Málaga. Allí, el alcalde de Arquillos, Miguel Ángel Manrique Peinado (que sigue siéndolo en la actualidad), nos recibió, y tras realizarse una parada con la reconstrucción histórica en la plaza principal del pueblo, el Regimiento de Infantería Málaga recibió del propio alcalde la bandera de esa localidad, por combatir en ella aquel regimiento en enero de 1810. Con el alcalde y varios concejales colocamos una corona en la puerta de la Casa del Comandante de Arquillos, lugar donde Riego pasó la primera noche de su apresamiento, e igualmente nos acompañaron las autoridades de Arquillos al cortijo de Baquerizones, donde Riego y sus compañeros habían sido hechos prisioneros en la mañana de aquel día. Tanto el alcalde como los concejales nos explicaron diversos detalles históricos del cortijo. Todos estos datos y fotografías los podrá ver el lector al final del presente artículo. Lo inmediato siguiente en este artículo, es saber en qué circunstancias históricas sobrevino el apresamiento de Riego.

La huída de Jódar.

Tras los primeros instantes de la derrota en Jódar, el 15 de septiembre de 1823, en los momentos que Riego y su pequeño grupo de leales, trataron de poner tierra por medio con el enemigo que les perseguía. El héroe de las Cabezas de San Juan se dio cuenta de lo crítica que era ya su propia situación. Sabía que, para los absolutistas, era prioritaria su captura, pues era la figura más representativa del Trienio Liberal (1820-1823), el hombre que, precisamente, y por encima de otros destacados compañeros, había hecho posible la llegada del propio Trienio. Riego, que iba herido en una pierna, pidió a su ayudante de campo, el británico Matthewes (se había unido al general en Málaga), que le dejara ropa de civil, lo que denota la preocupación de ser descubierto que ya tenía. El área en el que se encontraba era extremadamente peligrosa, con fuerte contingentes franceses en labores de intercepción, guerrillas absolutistas capturando constitucionalistas y, además, las particulares características de los pueblos de Jaén, de aquella zona, muy vinculados a la Corona española desde el tiempo de las colonias. Por ello, Riego decidió quedarse con un reducido grupo de acompañantes, buscando un camino que, a través de Sierra Morena le llevara a Extremadura, donde todavía resistían núcleos constitucionalistas, amparados por la frontera portuguesa. Acompañaron a Riego en este último intento, el ya citado Matthewes, el capitán Mariano Bayo, valiente oficial español que había estado a las órdenes de Riego en la Isla de León, en 1820, y el coronel piamontés, Vicente Virgenio, que como ingeniero había servido a Napoleón, y era miembro de la Legión de Honor.

Una decisión equivocada y la sombra de una suerte infortunada, se ciernen sobre los fugitivos.

Por los sucesos posteriores, se aprecia que el grupo debió dirigirse desde Jódar al noreste, campo a través. Al atravesar un camino, los liberales se encontraron con un ermitaño llamado Vicente Guerrero, natural de Torreperogil, que viajaba hacia Peal del Becerro, acompañado por un vecino de Vilches llamado Pedro López Lara. Ambos fueron interrogados por Riego para conocer qué camino les podía llevar con más rapidez a La Carolina o Carboneros, en su pretensión de alcanzar Sierra Morena. Sin embargo, ambos rehusaron, equivocándose Riego al obligarles por fuerza a acompañarles. En aquellos momentos, ambos hombres desconocían la identidad de Riego. A partir de ahí es donde se abren dos hipótesis, sobre en qué momento los extraños descubrieron la identidad de Riego: la primera se refiere, a que alguno de los tres mandos que acompañaban a Riego, tuviera alguna indiscreción, al mentar su apellido, lo que hubiera sido captado por López Lara, decidiendo este llevarlos al cortijillo de su hermano para fraguar un plan y detenerlos. Sin embargo, el británico Matthewes, en la memoria que escribió, titulada “Las últimas operaciones militares del general Riego”, cita que nunca existió esa indiscreción, y que cuando se dirigieron a Riego delante de los extraños, siempre lo llamaron “comandante”. Matthewes, cita en repetidas ocasiones, que tanto los del cortijo (los hermanos López Lara como los que vendrían mas tarde de Arquillos, eran simplemente ladrones, avalando que cuando la detención sobre ellos ya se había verificado, fue el propio Riego el que se identificó. Pero veamos paso a paso como fueros sucediendo los acontecimientos para la desgraciada captura de Riego.

En el cortijo Baquerizones.

Esta hacienda se encontraba (como hoy), en el término municipal de Vilches, aunque más próxima a la localidad de Arquillos, y cerca del embalse de Giribaile. En su parte oeste, los visitantes peden contemplar minas de plomo. El porquerizo Pedro López Lara convenció finalmente a Riego y a sus acompañantes para llevarlos al cortijo Baquerizones. Lo que desconocían los liberales, es que lo regía el propio hermano del porquerizo, llamado Mateo López Lara, circunstancia fatal para el destino de Riego y sus acompañantes. A las tres de la madrugada, pegaron en la puerta del cortijo, permitiéndoles la entrada Mateo López. En su interior, se echaron en el suelo, Riego, Matthewes y el capitán Bayo, mientras que el coronel Virgenio, el piamontés, llevó a los caballos a la cuadra, dándoles de comer y vigilándolos. A la mañana siguiente, unos golpes imperiosos llamaron a la puerta. Eran gente que quería grano. Sin embargo, el cuchicheo que mantuvieron con los hermanos López Lara, no le gustó al inglés Matthewes, haciéndoselo saber a Riego y, añadiéndole, que lo mejor era marcharse ya de aquel lugar. Sin embargo, el capitán Bayo le dijo a Riego que era necesario herrar su caballo para continuar la marcha. Se ofreció el porquerizo para llevar el caballo a Arquillos, pero no fiándose de él, Riego designó a Pedro López, al desconocer que ambos eran hermanos y, que por tanto, ya estaban de acuerdo para denunciar la presencia de lo cuatro militares liberales. Riego dio órdenes estrictas a Pedro para que en ningún momento contara en Arquillos la presencia de ellos en el cortijo. Pero la realidad era que, en Arquillos, Pedro López ya había denunciado a los fugitivos y, a esa hora, un grupo de hombres se dirigía al cortijo Baquerizones con intención de detenerlos.

Apresamiento de Riego y sus compañeros.

Pasaron dos horas y nada se supo del enviado. Los recelos de Matthewes aumentaron, pidiéndole al general, al menos, montar guardia en una colina próxima al camino, para poder otear cualquier cosa sospechosa. Subido en el altozano, el inglés descubrió en el camino a un grupo de hombres que avanzaban junto a un carro, avisando al general, pero cuando éste acudió al lugar, acompañándoles también Bayo, nada vieron. A poco llegó Pedro López, trayendo pan, uvas y vino ácido; diciendo que, en poco tiempo, vendría el herrador, pues lo había encontrado ocupado. Matthewes, cada vez con las sospechas más claras, insistió de nuevo en que había que salir rápido del cortijo, pero tanto Riego como Bayo y el coronel piamontés, le dijeron que no había motivos para tener tales recelos, que eran exagerados. A continuación, Bayo fue a hacer la vigilancia a la colina, y allí descubrió que una banda de hombres, ya muy próxima, venía hacia el cortijo, armada y con disposición de cercarlos. Bayo entró por la puerta dando aviso, gritando Matthewes: “Mi comandante ya somos perdidos, el cortijo está cercado por escopeteros”. Riego respondió “Pues a las armas”; pero en ese instante, Pedro López, su hermano Mateo y Vicente Guerrero se abalanzaron a por dos escopetas que había colgadas en la pared, encarándolas hacia los liberales al grito de “El que se mueva, muere”. En su memoria, Matthewes dice que le propinó un sablazo a Pedro, obligándolo a esconderse en una habitación, pero otras fuentes relatan el momento de forma muy diferente, diciendo que los liberales, al ser encañonados, salieron al pequeño patio, dejaron sus sables en el suelo, poniéndose de rodillas hasta que, definitivamente, se acercaron a ellos los escopeteros de Arquillos, mandados por el alcalde y un cura. Riego se dirigió al alcalde, diciéndole: “Haga vuestra merced el favor de decir que no nos hagan mal, que ya estamos presos”. Riego, al ver que los escopeteros obedecieron con inmediatez al alcalde, repitió “Por Dios, no nos mate usted, yo le daré quince onzas. Somos hombres de honor, y en fin, para que lo sepan ustedes de una vez, soy el general Riego”. El alcalde le respondió que no mataría a ninguno si no daban motivo para ello, renunciando al dinero. A poco, llegó el comandante de los realistas de Arquillos, disponiendo el traslado de los prisioneros a aquella localidad.

La Asociación Torrijos 1831 en su visita al cortijo de Baquerizones, hoy denominado cortijo General Riego.

En 2016, tras permanecer un día en Arquillos, los integrantes de la Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831 se trasladaron al antiguo cortijo de Baquerizones, hoy denominado “General Riego”. Fueron el propio alcalde de Arquillos y dos de sus concejales los que, amablemente, se ofrecieron a mostrarnos con todo detalle la hacienda. La parte antigua, donde sucedió el apresamiento de Riego está reformada, pero todavía conserva algunos espacios y elementos arquitectónicos que nos hacen revivir aquel acontecimiento, como el lugar de la puerta, la chimenea junto a la que comieron Riego y sus compañeros, la escalera a la primera planta… A continuación, lo que hoy es un pequeño salón, fue la cuadra donde estuvieron los caballos de los liberales, vigilados por el coronel piamontés. Las vigas del techo son las mismas que fueron testigo de aquel acontecimiento. Nuestros “guías” nos dieron detalles saciando nuestras más pequeñas curiosidades, dándonos datos desconocidos que no aparecen en la bibliografía dedicada a aquellos hechos. Mujeres de nuestro colectivo, en un pequeño cofrecito, guardaron con cuidado y esmero un poco de tierra del cortijo, para traérnosla de forma testimonial. Finalmente, los integrantes de la Asociación Torrijos 1831 y las autoridades de Arquillos colocaron una corona de laurel en la pared de la entrada del viejo cortijo. Hoy, el Ayuntamiento de Arquillos desarrolla una importante labor histórico-cultural en cuanto a los acontecimientos ocurridos por estas tierras en 1823. Para ello, ha contado con la colaboración de historiadores para impartir conferencias y con la buena puesta en escena por parte del grupo de Recreación Histórica de Úbeda, que representa el apresamiento de Riego. Ahora llega la puesta de largo de aquellos acontecimientos, con el Bicentenario

Epílogo.

Recordamos, que el autocar arrancó en aquel atardecer de la primavera de 2016, del Cortijo general Riego, a esa hora en la que el sol enrojece el cielo. Mientras el vehículo atravesaba el camino rodeado de olivos que lleva a la carretera, más de uno de nosotros pensó, que si Riego y sus compañeros hubieran atendido los recelos de Matthewes, y se hubieran marchado a tiempo de Baquerizones, hubieran tenido, al menos, alguna oportunidad para escapar, evitando el trágico destino que les esperaba, especialmente, un terrible “vía crucis para el que fue denominado en la historia “el héroe de las Cabezas de San Juan”.




 

Se van a cumplir los doscientos años de la derrota de las tropas de Rafael del Riego en Jódar (Jaén), ante tropas de los Cien mil hijos de San Luís.

 


Asociación Torrijos 1831.

Una vez más, desde la web de nuestra Asociación Torrijos 1831, tratamos de recordar episodios históricos relacionados con los liberales decimonónicos que se enfrentaron al poder absoluto que representaba Fernando VII. En esta ocasión, lo haremos sobre lo sucedido en aquel trágico 1823, en el ocaso del Trienio Liberal (1820-1823). Nos encontramos en 2023 y, por tanto, en un año para ir recordando diversos bicentenarios que van a ir cayendo, sucesivamente, conforme vayamos pasando las hojas del calendario. En este 15 de septiembre, se van a cumplir los doscientos años de la derrota de las tropas constitucionalistas del general Rafael del Riego en la localidad jienense de Jódar, ante las tropas francesas del ejército francés de los Cien Mil hijos de San Luís, enviadas por la Santa Alianza europea, tras la decisión tomada en el Congreso de Verona para acabar con el régimen constitucional español y llevar de nuevo a nuestro país al absolutismo tan deseado por Fernando VII. Aquel ejército extranjero, llamado por el propio monarca y mandado por el duque de Angulema, entró en España el 7 de abril de 1823. Si nos atrae la lectura de los acontecimientos que precedieron al combate de Jódar, veremos que, a la altura del 15 de septiembre de aquel año, era una misión imposible para Riego y sus hombres, conseguir el último objetivo que se habían propuesto: alcanzar Cartagena, donde les estaba esperando el general José María Torrijos y Uriarte, que mantenía izado el pabellón constitucional en aquella plaza, así como en las de Alicante y Peñíscola. Puede decirse, que antes de la llegada del verano las cosas iban ya muy mal para los defensores del régimen constitucional. Los generales Morillo y La Bisbal, se habían pasado al bando absolutista, y el general Ballesteros, no cesaba de retroceder con el ejército nacional más numeroso, el 2º de Operaciones, haciéndolo sin presentar batalla. El propio Torrijos se había enfrentado verbalmente a él, en su campamento, echándole en cara que no librara combate alguno hasta el momento, y que con ese proceder estaba hundiendo a la España constitucional.

Riego asume el mando del 3º Ejército de Operaciones.

En Sevilla, se designó al general Rafael del Riego para el mando del 3º Ejército de Operaciones, acantonado en Málaga. Cuando llegó a esta capital la encontró sumida en un caos y con las tropas en grave estado de indisciplina. El 3º Ejército de Operaciones carecía de logística propia, y menos de vías seguras para ser abastecido de víveres, dinero, armamento y pertrechos, en su progresión. Para poder marchar con prontitud hacia el norte y ser medianamente operativo en la campaña, los mandos superiores de aquel ejército sólo tenían la peor y más extrema de las soluciones: hacer forzosas requisas y expoliar cuanto pudieran. Así, Málaga fue esquilmada. Con parte de lo recogido, Riego envió un convoy marítimo para Cartagena de víveres, armamento, dinero, plata y oro, esto último de las requisas en las iglesias. Sin embargo, aquel convoy en su mayor parte fue capturado por naves bajo pabellón francés, precisamente cuando sus fuerzas terrestres francesas ya estaban llegando a Málaga, lo que apresuró la salida de Riego y sus tropas constitucionalistas. Con este forzado movimiento, Riego se quedó sin retaguardia en el litoral oriental de Andalucía, ya que, con Málaga ocupada y Almería recientemente rendida con los ochocientos hombres de guarnición, se quedaba sin puerto de reembarque en esta importante zona. A partir ahí, el objetivo de Riego fue encontrar al general Francisco Ballesteros y su ejército, para unir sus tropas con las de él. Esto se verificó en Priego, el 10 de septiembre, no sin mediar antes un intento de enfrentamiento entre las fuerzas que mandaban ambos generales. El encuentro fue decepcionante para Riego, pues Ballesteros ya había firmado la capitulación el 21 de agosto ante el general francés Gabriel Molitor. La descomposición del ejército de Ballesteros era clara: los regimientos se disgregaban y los desertores escapaban por donde podían. Muy contrariado, Riego hizo prisionero a Ballesteros y su Estado Mayor, pero estos lograron escapar. El héroe de las Cabezas de San Juan sólo pudo intentar atraerse a algunas unidades, y con las que lo logró, sus actuaciones terminarían siendo fatales en los próximos enfrentamientos con los franceses.

Un ejército sin recursos, viviendo del saqueo de las poblaciones, en un contexto bélico y geográfico rodeado de enemigos, y sin retaguardia posible.

El poderoso ejército francés ya solo tenía que dar caza a la única fuerza de maniobra, constitucionalista que quedaba de Madrid hasta Tarifa: la columna de Riego, constituida por 4.000 infantes y 1.500 jinetes (que llevaban cintas verdes para ser identificados). Esta fuerza entró en Martos el día 12 de septiembre, donde había poderosos serviles que habían huido, siendo asaltadas sus casas. A mediodía, el ejército constitucionalista se puso en marcha hacia Jaén, llegando a la capital al anochecer y hospedándose Riego en la casa del obispo. Cuando a las once de la mañana del 13, la tropa liberal se encontraba en la Plaza de Santa María, empaquetando lo que había expoliado, entró un jinete alertando, que los franceses venían por el camino de Martos. Los tambores tocaron generala, decidiendo Riego aguantar en la Puerta de Martos, ocupando para ello una altura próxima con dos batallones de la I Brigada, mientras que a la caballería le designó salir al llano por la Puerta de Barrera. El resto de la infantería permaneció desplegada esperando órdenes de Riego. Sobre las dos de la tarde aparecieron los franceses, llevando delante de ellos varios monjes y curas españoles que iban informando a los franceses de todo. Riego y sus mandos superiores se percataron que la fuerza enemiga era muy numerosa. Por una parte las tropas del general Bonnemains iban a acometer contra la Puerta de Martos, y por la Puerta de la Fuente de la Peña, las del conde de Molitor y la del mariscal de campo español, Juan Sánchez Cisneros. Temiendo verse envueltas en el casco urbano de la ciudad, las tropas liberales atravesaron atropelladamente Jaén, de oeste a este, perdiendo efectivos. Finalmente, unos 1.500 de infantería y 500 de caballería, escaparon por la parte oriental, hacia la zona del cerro del Calvario. Riego había mandado en primer lugar al convoy, con fuerte escolta, por el camino hacia Mancha Real; y para hacer frente a los 800 jinetes franceses, con los que se encontró en aquella zona, tomó posiciones en el cerro del Calvario, desplegando su tropa en las proximidades de la ermita. Sería un combate encarnizado en el que los constitucionalistas cargaron con valor a la bayoneta, destacando especialmente el batallón Galicia y el de los nacionales de Málaga. Pero aquel esfuerzo les llevó a perder más efectivos. Ya no hubo otra solución para el grueso de los liberales que la de iniciar una marcha forzada a Mancha Real, perseguidos por las tropas de Bonnemains. La retaguardia de Riego libró continuos combates con los franceses, favorecidos los españoles en la ocultación que les ofrecían los espesos olivares. Sólo se apagaron los disparos al cerrarse la noche. Exhausta y muy mermada por las bajas y desertores, la tropa constitucionalista llegó a la plaza de Mancha Real donde pudo tomar una distribución de pan y vino. Poco duró el descanso, pues hubo que continuar en la oscuridad hacia Jimena, por un pésimo camino con profundas quebradas en los laterales y malos pasos, que la muy agotada tropa soportó hasta el agotamiento., La decisión de Riego, de marchar hacia Jódar, llevaba la intención de alcanzar Úbeda, para que se le uniera la parte del ejército de Ballesteros allí acantonada (que se consideraba todavía “no contaminada”), y también, poder tomar definitivamente el camino a Cartagena a través de las montañas de Jaén. Pero el contingente de Riego se encontraban cada vez más agotado, y lo que es peor: rodeado por las tropas francesas mandadas por los generales Bonnemains y Foissat-Latour, y las del coronel d´Argout. Entre nueve y diez de la mañana del día 14 de septiembre, la brigada de vanguardia de Riego (unos 150 hombres), entró en Jódar. La segunda brigada, con Riego y la caballería, entró a las once. Se calcula que, para entonces, los constitucionalistas eran 1.500 de infantería y 500 jinetes, aunque hay fuentes que disminuyen bastante estas cifras. A primera hora de la mañana del 15 de septiembre, los tambores constitucionalistas redoblaron estrepitosamente, anunciando la llegada de un enemigo que no daba tregua en su persecución. Aparecía la caballería de los cazadores franceses de la Guardia Real mandada por el coronel d´Argoult.

El combate de Jódar.

La moral de combate para los constitucionalistas ya era muy escasa, por el terrible agotamiento que padecían en los últimos días, las derrotas con gran número de bajas, acompañadas por las continuas deserciones, así como las persecuciones implacables por parte de un enemigo que no quería soltar a una presa a la que consideraba, cada día que pasaba, más débil. Convencido Riego que el enemigo les cortaría la retirada en Jódar, como ya lo había intentado en Jaén, el general se adelantó, desplegando su tropa al este de Jódar, en la cercana la colina de La Lengua, próxima el camino del Paso y a la zona donde, en la actualidad, se encuentra el cementerio de Jódar. Hemos visitado el lugar, y visto “in situ” el espacio topográfico de aquella acción. Un buen trabajo liderado por el Ayuntamiento de Jódar, utilizándose metódicamente detectores de metales en la colina de La Lengua (poco modificada desde la época que relatamos), con el fin de recoger la munición francesa que la batió, y toda ella (numerada), pasada a un mapa topográfico digital, nos daría al día de hoy (científicamente), las fluctuaciones de aquel combate. El general liberal colocó varias guerrillas en los olivares; al grueso de la infantería en la falda y parte alta de la colina de La Lengua y, finalmente, a la caballería en la llanura, cubriendo el flanco derecho, para evitar que fuera interceptada la marcha hacia el este. Comenzó un fuerte tiroteo entre ambas formaciones enemigas. En el momento álgido del combate, intervino la caballería francesa bajo el fuego cruzado de los españoles, sin que respondiera la caballería española. No sólo fallaron aquellos jinetes en ese momento crucial, sino que llevaron a cabo algo peor: la defección, abandonando el campo de batalla. Pero la infantería constitucionalista insuflada por los gritos de ánimos de Riego cargó valientemente a la bayoneta contra la caballería francesa. Entre aquellos infantes estaba el cuñado de Riego, Antonio, casi un niño, que se había unido a la columna de Málaga, y que cayó prisionero en esta acción. El general español, sable en mano, en medio del fragor del combate, recibió un pistoletazo enemigo que le quemó el pantalón e hirió su rodilla, terminando muerto su caballo. El teniente de ingenieros, Agustín Lanuza le ofreció el suyo para que escapara, ya que la infantería española, con ostensibles bajas, empezó a retroceder. La faltas de fuerzas por las agotadoras marchas de los días anteriores, rindió brazos, piernas y mentes. Casi no podían sostenerse los nacionales. La caballería francesa cargó con sus sables acuchillando a cuantos pudo, en los mismos lugares que defendían las formaciones. La desbandada se produjo entonces, intentando los supervivientes alcanzar el río, pues la sed les atormentaba. Para los fugitivos ya sólo quedaba intentar escapar hacia el este, cosa que Riego logró con una treintena de sus hombres, entre ellos varios jefes y oficiales, la mayoría de ellos a caballo. Otros grupos constitucionalistas también lo hicieron en varias direcciones pero, o bien fueron capturados, o terminaron por entregarse a los franceses o las autoridades absolutistas. Entre los primeros destaca el grupo mandado por el coronel jefe de la II Brigada, Ignacio Aguirre, apoyado por su ayudante de E.M. Tomás Yarto, que intentó llegar a Cartagena, pero fue interceptado y hecho prisionero en la villa de Oria (Granada), por el comandante realista Luís Moreno. Esas fueron las consecuencias del combate de Jódar que supusieron el final del 3º Ejército de Operaciones del general Rafael del Riego, donde los constitucionalistas perdieron 60 hombres entre heridos y muertos (entre ellos varios oficiales), y les fueron hechos 613 prisioneros. Los franceses capturaron la bandera del Regimiento África.

 

 

El Regimiento de Infantería de Málaga, de la Asociación Torrijos 1831, participa en la recreación histórica de la batalla del Trocadero, en Puerto Real, en la conmemoración de su Bicentenario.

Asociación Torrijos 1831           09/09/23

 

A las ocho de la tarde del pasado 2 de septiembre comenzó en el privilegiado marco de su Bicentenario (1823-2023), la recreación histórica de la batalla del Trocadero, en el término municipal de Puerto Real, en el lugar exacto donde estuvo la línea del canal del Trocadero. ¿Qué evoca esta recreación histórica? El final del sistema constitucional español en el Trienio Liberal (1820-1823), a manos del poderoso ejército los Cien mil hijos de San Luís. Un hecho que tuvo la inmediata consecuencia de meter a España en uno de los periodos más negro de nuestra historia Contemporánea: “La Década Ominosa”. Las fuerzas francesas llegarían a Cádiz en busca del rey felón Fernando VII para liberarlo y tomar la emblemática ciudad cuna del constitucionalismo español. Su estrategia fue asediar la isla donde se encontraba el fuerte del Trocadero, perteneciente a Puerto Real, para asfixiar aún más Cádiz, pues desde allí los cañones del duque de Angulema podrían batir con acierto la capital gaditana. No cuidado en su drenaje desde su construcción, al final de la Guerra de la Independencia, el foso de agua del Trocadero no hacía la isla inexpugnable, pues en algunas partes sólo tenía una altura de dos metros de agua. Por lo demás la fuerza defensiva de los españoles se basaba en los baluartes próximo al caño, destacando el “Acebedo” con cinco piezas, “Avenida” con dos piezas, “Arco Agüero” siete piezas, “Constitución” con tres piezas, “Álava” con tres piezas, “Zarroquín” con cuatro piezas y “Las Calaveras”. Delante de ellas se habían montado caballos de frisia para obstaculizar el trepar a los bastiones. Tras varios días intercambiándose fuego desde las dos orillas rivales, en la noche sin luna del 31 de agosto de 1823, aprovechando la marea baja, un regimiento francés con el agua hasta el pecho pasó en silencio el foso hasta llegar a los reductos españoles. Una vez allí los franceses lanzaron un ataque a la bayoneta por sorpresa, a la que respondieron los españoles en plena oscuridad. Hubo 141 bajas francesas y entre 400 y 500 españolas, y más de 1000 prisioneros. El ataque fue tan súbito que no hubo siquiera opción de escapar. El ejército francés tomó las fortificaciones, construyendo nuevas baterías que, esta vez, apuntaron ya directamente a Cádiz. La ciudad fue bombardeada durante tres semanas. El duque de Angulema tenía el control de la bahía, pero la única forma de entrar en la ciudad era hacerlo por el exclusivo paso terrestre que tenía San Fernando: el puente Suazo, que se encontraba fuertemente defendido. El duque se decidió a bombardear el castillo de Sancti-Petri para intentar un desembarco en la punta del Boquerón, para continuar a pie hasta Cádiz. El día 20 de septiembre se abrió fuego contra el fuerte, que se rindió de inmediato, y el día 23 el chambelán de Fernando VII, el duque de Valmediana se reunió con el de Angulema para comunicarle que el rey estaba libre y se reuniría con él donde establecieran. Fernando embarcó en una barcaza que lo llevó de Cádiz al Puerto de Santa María donde se reunió con el duque. La ciudad de Cádiz se rendiría finalmente el 3 de octubre.

Datos de la Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831.

Tipo de Asociación: cultural, dedicada a la investigación histórica, y recreadora en sus actuaciones en público para exponer los hechos que representa. Ámbito de actuación: regional, recogida en el Registro de asociaciones la Junta de Andalucía. Inició su periodo constituyente en el año 2002, siendo legalizada en 2003. Fue un proyecto original desde el principio, pues en España no se había creado anteriormente una Asociación sobre el personaje histórico de José María Torrijos y Uriarte, héroe de la Guerra de Independencia y defensor de las libertades y derechos constitucionales frente al poder absoluto del reinado de Fernando VII. Original en las formas, dedicación y fines, que recogen sus estatutos, cimentando sus antecedentes en los precursores que trabajaron sobre el personaje de Torrijos en la provincia de Málaga, en las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XX y primeros años del XXI.
Como colectivo de recreaciones históricas, es el más antiguo de las dedicadas al siglo XIX, en Andalucía. En cuanto a las representaciones relativas a la Guerra de la Independencia en las que participa la Asociación, la recreación insignia, creada en 2007, es el “Regimiento de Infantería de Málaga”, unidad titular de Málaga, que salvo un periodo de disolución, tuvo vida castrense desde 1701 a 1893, siendo su historial heredado por el Regimiento Melilla en sus diferentes numeraciones, y que fue disuelto en Málaga, en 1985. Para entrar en su historial y actividades: regimientodeinfanteriademalaga.blogspot.com
Correo de Contacto: asociacióntorrijos1831@gmail.com También, a través de este correo se pueden solicitar visitas concertadas al Centro de Interpretación Histórico José María Torrijos (Refectorio), en el barrio de El Perchel de Málaga. Teléfono de contacto: 952234039. Página web: www.torrijos1831.com







 

 

Conmemoración de la batalla del Trocadero. Acto en la plaza del Ayuntamiento de Puerto Real. Agradecimientos, felicitaciones y entrega de recuerdos del Bicentenario (1823-2023).

 

Asociación Torrijos 1831 06/09/2023

 

Tras el largo desfile por el paseo marítimo y las calles de Puerto Real, las asociaciones de recreaciones históricas desembocaron en la plaza del Ayuntamiento de Puerto Real, donde se encontraban las autoridades, entre ellas la alcaldesa de Puerto Real y el alcalde de Cádiz. La alcaldesa de Puerto Real, Aurora Salvador Colorado, destacó en su discurso el valor y la lucha de las tropas españolas que defendieron las fortificaciones del Trocadero, en aquel terrible mes de agosto de 1823, y lo principal, su compromiso por sostener las libertades y derechos constitucionales de los españoles, frente a un poderoso ejército absolutista y extranjero, cuyo nombre ha quedado en la historia como “Los Cien mil hijos de San Luís”. Intervino con un discurso, el francés Pierre de Ligondés, presidente de la Asociación Bataillon de Chasseur de Montagne Pyreneens, y descendiente de Julian de Ligondés, coronel de la Guardia de Corps de Luís XVIII, que participó en la batalla del Trocadero, doscientos años atrás. Llegó después la entrega de recuerdos del Bicentenario de la batalla del Trocadero a cada una de las asociaciones presentes, a través de sus respectivos presidentes, y más tarde, le fueron entregados, de forma personalizada, a cada uno de los recreadores. En un siguiente artículo contaremos la recreación histórica sobre la batalla del Trocadero realizada el pasado 3 de septiembre.

Datos de la Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831.

Tipo de Asociación: cultural, dedicada a la investigación histórica, y recreadora en sus actuaciones en público para exponer los hechos que representa. Ámbito de actuación: regional, recogida en el Registro de Asociaciones la Junta de Andalucía. Inició su periodo constituyente en el año 2002, siendo legalizada en 2003. Fue un proyecto original desde el principio, pues en España no se había creado anteriormente una Asociación sobre el personaje histórico de José María Torrijos y Uriarte, héroe de la Guerra de Independencia y defensor de las libertades y derechos constitucionales frente al poder absoluto del reinado de Fernando VII. Original en las formas, dedicación y fines, que recogen sus estatutos, cimentando sus antecedentes en los precursores que trabajaron sobre el personaje de Torrijos en la provincia de Málaga, en las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XX y primeros años del XXI.
Como colectivo de recreaciones históricas, es el más antiguo de las dedicadas al siglo XIX, en Andalucía. En cuanto a las representaciones relativas a la Guerra de la Independencia en las que participa la Asociación, la recreación insignia, creada en 2007, es el “Regimiento de Infantería de Málaga”, unidad titular de Málaga, que salvo un periodo de disolución, tuvo vida castrense desde 1701 a 1893, siendo su historial heredado por el Regimiento Melilla en sus diferentes numeraciones, y que fue disuelto en Málaga, en 1985. Para entrar en su historial y actividades: regimientodeinfanteriademalaga.blogspot.com
Correo de Contacto: asociacióntorrijos1831@gmail.com También, a través de este correo se pueden solicitar visitas concertadas al Centro de Interpretación Histórico José María Torrijos (Refectorio), en el barrio de El Perchel de Málaga. Teléfono de contacto: 952234039. Página web: www.torrijos1831.com




 

 

 

Asociación Torrijos 1831       05/09/23

 

El pasado sábado, 2 de septiembre, tuvieron lugar en la localidad gaditana de Puerto Real varios actos para conmemorar el histórico Bicentenario de la batalla del Trocadero (1823-2023), cuya última acción decisiva tuvo lugar el 31 de agosto de 1823. Invitada por el Ayuntamiento de Puerto Real, la Asociación Histórico Cultural Torrijos 1831 acudió a la cita histórica, con su reconstrucción histórica del Regimiento de Infantería de Málaga, encontrándose con otras señeras recreaciones históricas de Andalucía, como Batalla del Trocadero (organizadora de la puesta en escena de la recreación histórica), de San Fernando; Resistencia por Algodonales, Batallion de Chasseurs de Montagne Pyreneens, Bailén por la Independencia y Málaga Recreadora. Tras un largo desfile por la zona del paseo marítimo, y las principales avenidas y calles de Puerto Real, las recreaciones históricas llegaron a la Plaza del Ayuntamiento, donde fueron recibidas por las autoridades del Consistorio, lo que relataremos en un próximo capítulo.

Antecedentes históricos.

Tras derrotar a Napoleón en Waterloo, las principales potencias europeas (especialmente, Austria, Prusia, Rusia y Francia), decidieron oponerse a cualquier atisbo del nacimiento de un régimen constitucionalista. En la Conferencia de Verona de 1822, la “glorificada” Santa Alianza encargó a Francia acabar en España con el régimen constitucionalista del Trienio Liberal, y devolver el poder absoluto a Fernando VII.
La nueva invasión militar de España la llevó a cabo un fortísimo contingente francés de alrededor de cien mil soldados, conocido como los “Cien Mil Hijos de San Luís”. Se le llamó así, porque el monarca que lo envió, Luís XVIII, exclamó desde la tribuna de la Asamblea Nacional francesa, en un arranque de unir la santificación con la justificación de la nueva guerra, para aprovechar y meter por el medio a un protagonista francés de las antiguas Cruzadas medievales: “Cien mil franceses están dispuestos a marchar invocando al Dios de San Luís (canonizado antecesor de Luís XVIII), para conservar en el trono de España a un nieto de Enrique IV (fundador de la dinastía borbónica en Francia, y por ende de España), y preservar aquel afortunado reino de su ruina y reconciliarlo con Europa”. En realidad fue para preservar el reino español bajo un periodo tiránico denominado “Década ominosa”, mantener a su pariente Fernando VII “flotando” en el absolutismo más rancio e injusto, donde eran práctica habitual los encarcelamientos, torturas y exilios, y llevar a la pena capital a una parte de los que se habían distinguido por la vuelta a nuestro país de los derechos de las garantías constitucionales. En la “Década ominosa”, el analfabetismo aumentó y la hacienda española quedó desnuda, incapaz de participar en los profundos cambios económicos de la época. Aquí, en vez del comercio exterior irrumpió el capital exterior y la subordinación. Además, durante cinco años, los españoles tuvieron que pagar todos los gastos del ejército francés que ocupó nuestro país.